Inicio Virales Desde el Apolo 11 hasta la Crew Dragon: ¿cómo c*gan los astronautas?

Desde el Apolo 11 hasta la Crew Dragon: ¿cómo c*gan los astronautas?

Bob Behnken y Doug Hurley, los astronautas de la NASA que arribaron a la Estación Espacial Internacional el 30 de mayo pasado en la cápsula de SpaceX, regresaron a casa. Después de dos meses en el espacio, queremos saber, entre otras cosas menos relevantes: ¿cómo es satisfacer las necesidades fisiológicas con gravedad cero? Las respuestas, en este escatológico artículo.

Advertencia: no comas mientras lees.

El baño siempre fue el gran problema de los viajes espaciales. ¿Dónde ir y, sobre todo, cómo? Las cápsulas son pequeñas, los recorridos son largos y, una vez arriba, todo flota. 

Además, no es como si fuera tan fácil quitarse ese aparatoso traje espacial, el cual como sabemos no es así por una cuestión estética, sino porque debe dotar a quien lo usa de todos los soportes vitales necesarios para sobrevivir fuera de nuestra atmósfera. Presión, oxígeno, temperatura. No arriesgaríamos ninguna de esas ni por el número uno ni por el número dos, ¿verdad?

Como bajarse los pantalones e ir no es una opción allá arriba, los humanos hemos tenido que pensar en otras soluciones, particularmente los ingenieros de la NASA, quienes después de que el astronauta Alan Shepard se hiciera en los pantalones en la plataforma de lanzamiento en 1961, se dieron cuenta de que habían obviado un detalle sumamente importante para poder enviar a las personas al espacio exterior. Sí, el baño.

La gravedad del asunto

En plena carrera espacial, la gente de la NASA no puso mucho empeño en resolver este problema y, para el pesar de los astronautas del Apolo 11, fue por lo más básico.

Para la orina, una especie de condón conectado a una manguera y ésta a una bolsa. ¿El nombre? UCD (sigla en inglés para “dispositivo de recolección de orina”, qué creativo). Esto dejaba afuera a las astronautas mujeres, pero tampoco había demasiadas en esa época.

Dispositivo de recolección de orina

Para el número dos, una bolsa de plástico que se adhería a las nalgas del astronauta para capturar las heces. Esto no suena tan malo, excepto porque al terminar, el astronauta tenía que echar un bactericida dentro de la bolsa, cerrarla y amasarla para mezclar el contenido. Al menos tenía un compartimento extra para llevar el papel higiénico.

¿Qué pasaba con todas esas bolsas luego? Bueno, por alguna razón, la NASA quería estudiar esos desechos sólidos, así que los astronautas debían guardarlas, bien enrolladas, para llevarlas de vuelta a la Tierra. ¿A qué crees que olía el Apolo 11?

Dispositivo de recolección de heces, o “bolsa de m*****”

Recuerdos de la infancia

Todo esto contaba para el interior de la nave, no así para el exterior de la misma. Neil Armstrong y Buzz Aldrin, los astronautas que pisaron la Luna por primera vez en 1969, lo hicieron en pañales. A pesar de que fue una caminata de sólo dos horas y media, Aldrin dio a entender que los utilizó, convirtiéndose en el primer hombre en orinar en la Luna (vaya récord).

Buzz Aldrin en la superficie lunar, no sabemos si antes o después de usar el pañal.

Claro que no eran pañales normales, sino unos shorts embebidos en un químico ultra-absorbente, los “MAG” (Maximum Absorbency Garment). Prototipos de los que en los años 80 utilizarían las astronautas mujeres, que no podían orinar en el UCD.


Así lucían los DACT, los primeros pañales especialmente diseñados para el espacio.

A partir de los ‘90, los MAGs se volvieron algo “universal”. Hoy en día, cuando los astronautas realizan actividades extravehiculares (por fuera de la nave), no regresan a ella para utilizar el baño. Llevan los MAGs.

MAGs

Retretes espaciales

Afortunadamente, ya no todo son bolsas y pañales allá arriba. Cuando en 1973 se lanzó en órbita la estación espacial Skylab, para los científicos de la NASA fue evidente que tendrían que incluir un baño, para poder enviar tripulantes que permanecieran allí por varias semanas (como se hace actualmente en la Estación Espacial Internacional). 

Entonces, diseñaron una especie de letrina vertical, insertada en la pared, que absorbía los desechos con un ventilador. Esto sentó las bases para los retretes actuales de la gravedad cero, que evitan que los desechos floten por la succión de un ventilador bastante ruidoso (que informa a toda la tripulación que acabas de “aliviarte”. ¡Hurra!).

El baño actual de la EEI es de industria rusa y cuesta US$19.000

Mientras que lo segundo se realiza sobre un pequeño asiento (al que uno debe amarrarse, para no salir volando en plena faena), la orina se “emboca” en un embudo, que se la lleva con la succión a través de una manguera para convertirla en agua potable. Porque, claro, de dónde más van a sacar agua en el espacio, ¿no?…

Viva el reciclaje

Con los desechos sólidos no puede hacerse mucho; de hecho, aún en el sofisticado retrete espacial, terminan en una bolsa, sólo que dentro de un contenedor. Luego, los mandan a la Tierra en una pequeña cápsula, y la atmósfera lo desintegra todo mucho antes de que aterrice. Dicen que, desde aquí, el espectáculo luce como una lluvia de estrellas, o estrellas fugaces. Por las dudas, no pidas un deseo.

Y ahora, ¿cómo sabremos cuáles son las reales?

Pero la orina es casi 95% agua. En un lugar donde el agua falta y orina sobra (actualmente hay cinco astronautas en la Estación Espacial Internacional), sería una pena que por ese 5% de “verdaderos desechos” la desperdiciaran.

Al menos así lo pensaron los expertos de la NASA cuando calcularon que, para una tripulación de cuatro astronautas, tendrían que llevar al espacio unos 18.000 litros de agua por año. Algo muy difícil y costoso, considerando el tamaño de las naves y la cantidad de combustible extra que consumirían.

Koichi Wakata, astronauta de la JAXA, practicando shivambu espacial.

Así que idearon un sistema para separar el agua del resto del “líquido”: una máquina que destila, filtra y desinfecta la orina, el sudor y hasta el aliento de los astronautas. El proceso dura ocho días, pero los resultados son sorprendentes. En la Estación Espacial Internacional, pueden reciclar hasta el 90% del agua que utilizan: un dato no menor si consideramos que un fuerte obstáculo para realizar viajes espaciales más largos, es que los humanos no podemos alejarnos mucho de la Tierra porque dependemos del agua, el oxígeno y el alimento para sobrevivir.

Planes a futuro

En octubre de 2016, la NASA, junto con HeroX, dio inicio al “Space Poop Challenge”, un concurso para encontrar soluciones más efectivas para la cuestión del baño.

En concreto, necesitaban incorporar algo más que pañales para los trajes espaciales extravehiculares, algo que de hecho pudiera durar hasta 144 horas, para garantizar actividades más largas fuera de las naves, o ayudar a los astronautas a sobrevivir en caso de alguna falla en las mismas. Esto de cara a las futuras misiones de la Orion, la cápsula pensada para volver a la Luna en esta década y para llevar a la humanidad a Marte en la próxima.

El ganador del “Space Poop Challenge” fue el Dr. Thatcher Cardon, un cirujano aeronáutico texano que presentó un sistema para extraer los desechos de los trajes espaciales, inspirado en la laparoscopia.

El sistema, llamado M-PATS (“MACES Perineal Access & Toileting System”), es como un baño portátil integrado en el traje espacial. Cuenta con un dispositivo de succión para llevar los residuos a una bolsa a través de un catéter, que se introduce en una válvula de seguridad para evitar la despresurización en condiciones de microgravedad. 

Específicamente para el número dos, Cardon inventó una especie de chata inflable y un revolucionario método de higienización:

Actualmente, la NASA está perfeccionando este prototipo.

¿Qué dices? ¿Merecía el primer premio?